DESPLEGABLES

.Fotografías

26/7/17

17 Puertos de montaña por una promesa...


El pasado sábado, con la subida a Los Lagos de Covadonga, dábamos por cumplida una promesa.


Una promesa que yo me hice en julio de 2015 y a la que se sumó Juan Fernández Llames.

El 24 de junio de 2015 un zorro se cruzó en mi camino y el miedo a atropellarlo me llevó a estrellarme en moto contra un talud de piedra.

El zorro está claro que salió ileso, pero yo no tuve la misma suerte. Traumatismo craneoencefálico y rotura de la séptima vertebra dorsal.

Estuve tres meses encorsetada en hierro sin poder coger la moto. Mi única preocupación durante este tiempo era si podría volver a pilotar tal y como lo hice hasta ese momento. La moto es para mi mucho más de lo que nadie puede imaginar y la idea de no poder volver a viajar en ella me aterraba.

Pensé una y mil veces que había muchas soluciones en el peor de los casos, pero aún así, las dudas estaban presentes y por si no quedaba claro que quería volver a la actividad me hice una promesa... Subir los puertos de montaña de salida de Asturias.





Busqué rápidamente un mapa y comencé a marcar, de este a oeste... Puerto del Pontón, Tarna, San Isidro, Vegarada, Piedrafita, Pajares, Cubilla, Ventana, La Mesa, Somiedo, Leitariegos, Cerredo,  Acebo y sumé los puertos más emblemáticos para los moteros... Casielles, Fitu, Anglirú y Lagos de Covadonga. Después le puse nombre al propósito #17Puertosporunapromesa.

Ya lo tenía todo, solo tenía que deshacerme de los hierros que me envolvían.

La casualidad quiso que me encontrase con Juan Fernández Llames y comenzásemos a hablar de carreras.

Juan es un persona muy especial. Los que lo conocemos coincidimos en ponerle como ejemplo de superación y valentía. Una hidrocefalia le da guerra desde hace muchos años, dejándolo ciego cuando sólo tenía 16.


No quiero pensar lo que pudo sentir, pero si se lo que hizo desde el primer momento, luchar.

Aquel día, en aquella terraza tomando un café, Juan hizo como suelo hacer yo casi siempre cuando algo me gusta, decir SI sin pensarlo dos veces. Y se apuntó a correr conmigo los puertos como si se tratase también de su promesa.

Llegó el día de liberarme del corsé y nos pusimos a hacer planes. Hacer coincidir los descansos de Juan padre, mis descansos y los días libres de clases de Juanin era complicado. Dejamos pasar el invierno del 2015 y en la primavera del 16 nos lanzamos a la primera subida.

Pensamos que El Fitu, que está en nuestra querida Comarca de la Sidra, sería un buen comienzo.


Procuramos madrugar siempre para no encontrarnos con demasiado tráfico, y poco a poco nos fuimos haciendo a la cuerda, a la subida, al codo con codo y a cogernos de las manos detrás de mi espalda cuando venían coches.  Juan fue perdiendo el miedo y confiando cada día más.



No seguimos ningún orden, Juan padre se encargó de planificar las subidas y Loli, la madre de Juanin, se encargó en cada una de ellas del avituallamiento.

Empleamos un año para cumplir con nuestra promesa.

En alguno de estos 17 puertos Juanin hizo la carrera número 300. Son muchas carreras en la oscuridad, pero él recuerda cada km, cada guía, cada premio... A pesar de su discapacidad ve lo que quiere ver y siente lo que quiere sentir, de una forma muy distinta a todos nosotros, a su manera.



Pasamos mucho frío en La Mesa, o La Farrapona, como se conoce por aquí. Lidiamos contra la aguanieve que nos empapó hasta los huesos para, después, entrar en calor en el albergue de Saliencia con unos buenos tortos.
También se nos helaron las manos y orejas en San Isidro. La nieve reflejaba un sol primaveral, pero la helada brisa hizo que corriésemos con bufandas y guantes.

En El Acebo sufrimos los 32 grados en la vertiente gallega. Esta vez coincidía mejor en la ruta subir desde Galicia hacia Asturias y nos pareció bien como anécdota.




Buscábamos un buen punto de partida donde hacerla primera foto y estirar. Al final la media salía por 10 km por puerto. Excepto en Pajares que nos fue imposible subir desde el pueblo de Pajares, como teníamos pensado, por la densidad del tráfico y carecer la carretera de arcén que hiciese menos peligrosa la carrera. Así decidimos que correríamos desde el alto del puerto a la estación de Brañillín.

Fuimos descubriendo paisajes que ya sabíamos que eran bonitos, pero que las circunstancias los hacían más bellos aún, como la Cubilla, Anglirú, Somiedo... Desde la moto o el coche se ven espectaculares, pero de la mano de Juanín a golpe de zapatilla se ven como lo que son, El Paraíso.




Cuando llegábamos a la cima siempre coincidía por allí algún turista o pastor que animaban a Juanin y le felicitaban por su hazaña. Si, hazaña, porque no puedo, aunque he querido, imaginar lo que puede ser correr cogido a una cuerda, totalmente a oscuras, por una carretera empinada y sintiendo los coches venir, o como en Tarna, los camiones que pasaban muy rápido haciendo sonar el claxon tronador en las curvas.

En algún momento cerré los ojos por un instante intentando ponerme en su lugar, y los volvía a abrir  rápidamente porque me atormentaba la sensación; después le miraba a él y le decía -Juanin, cuantas cosas me estás enseñando...

Y así, fueron pasando los meses y los puertos, hasta el sábado 22 de julio que llegamos al lago Ercina.




Durante la subida Juanin sintió con temor pasar los autobuses muy cerca, yo le cogí fuerte de las manos y le dije: -confía en mi. Continuamos subiendo poco a poco, como el que no quiere agotar el tiempo. Faltaba poco para llegar al Enol, era la última bajada, Juan se paró en seco y me dijo: -Judith, confío en ti...
Bastaron unos puertos para que me lo dijese, pero estoy segura de que su confianza asomó hace muchos kilómetros..Corrimos mejor que nunca. Juan no dejaba de preguntarme si era el último, hasta bromeó con bajarlo corriendo también, parecía que le habían sabido a poco.



Promesa cumplida!! con satisfacción, con orgullo, con muchos planes de futuro y con la gran amistad de una familia que nos puede dar lecciones de mucho, sobre todo de cariño y valentía.