DESPLEGABLES

.Fotografías

20/4/17

"Con2...Ruedas"



Estoy en el hotel “Suerte Loca” de Sidi Ifni. Un hotel que lleva abierto desde 1936 y que ha visto pasar sobre sus baldosas de mosaico hidráulico español muchos reemplazos de soldados. Mi padre fue uno de ellos.


Aquí me despido de mi #Sahara por esta vez, pero habrá muchas más aventuras...


No se si es porque recuerdo las historias que mi padre me contaba, y cuenta, de esta pequeña ciudad, o si es desde mi primera incursión con la moto por estas tierras que el Sahara me llena el alma.



Lo voy conociendo poco a poco, a golpe de sufrimiento. Las dos primeras veces con la moto, ahora con la bici, y ya estoy pensando volver.

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No estoy segura de la razón por la que tanto me gusta esta desértica tierra, tal vez mi alma nómada tenga algo que ver.




Me identifico con la humildad y sencillez de su gente, la esencia hospitalaria del que sabe que llegar hasta el corazón de este desierto no es tarea fácil, y que si estas allí es porque lo amas. Lejos de huirlas, me encanta estrechar sus trabajadas manos, resecas y agrietadas por lo duro de su trabajo y que yo viví, ayudando en el campo, en otro tiempo. Aquí no me avergüenza no llevar puesto el diente provisional que tanto daño me hace (estoy pendiente de un implante) porque ellos me reciben con la mejor de las sonrisas aún no teniendo ninguno. Su casa siempre ha estado abierta para mi y su comida me ha dado aliento, y eso no lo podré olvidar fácilmente.





El paisaje está muy lejos de ser aburrido y sorprende por momentos; piedras redondas y doradas, piedras negras de cortantes aristas; arenas doradas en los ríos y más blancas en los barkhanes; retamas, flores azules y amarillas, cactus, acacias… Cada estación es diferente y sigue siendo un desierto.






... No se decir porque me gustan este tipo de aventuras, pero me hacen sentir más viva. Para mi son tan importantes estos objetivos como el resto de obligaciones cotidianas. Cada nuevo proyecto es un motivo para levantarme por la mañana; me esfuerzo, soy responsable, no cedo ante las dificultades, disfruto planeando, estudiando y preparando; es una lucha que no me cansa y me enriquece, porque se que siempre hay alguien que busca un modelo de fortaleza, un ejemplo, una inspiración de constancia y felicidad, desde mis hijos, vecinos, amigos, hasta cualquiera que coincida leyendo en las redes sociales.

‘Con2...Ruedas’ surgió de la unión de la pasión por el Sahara, la pasión por los retos cada vez más difíciles y la necesidad de poner el grito en el cielo.

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Una amiga sufrió malos tratos. Nunca lo había sentido tan de cerca a pesar de haberlo visto muchas veces en mi trabajo. Esta edad mía que ya no me permite pasar por alto muchas cosas y que tengo una hija, me hicieron reaccionar y se lo propuse a Jose, mi socio. Los dos estuvimos totalmente de acuerdo en que podíamos, a nuestra manera, luchar contra esta lacra social y nos adherimos al Pacto Social Contra la Violencia Sobre las Mujeres.


No es fácil llegar hasta aquí… y no me refiero a hacer los 1768 km.

Cada uno de nuestros retos, aventuras, locuras, como quiera cada uno llamarlo, lleva un proceso muy costoso.

Cuesta horas de estudio... preparando mapas, informándonos de su historia, de lo que vamos a encontrar o de lo que nos interesa buscar.


El Sahara sufrió y sufre momentos de conflictos que a día de hoy tienen consecuencias. Hay mucho territorio aún inseguro por las minas y el territorio militarizado crece día a día.


Sus extremas condiciones climatológicas son de tener en cuenta en cuanto a localización de ríos, ubicación de pozos de agua, vías de evacuación en caso de tormentas o accidentes, equipo de acampada y ropa personal adecuados.

Hay que tener muy en cuenta las distancias, tanto para posible avituallamiento como repostaje de vehículos.


Cuesta dinero... lo que aportan los patrocinadores y todo del que disponemos dos trabajadores normales y corrientes. Yo, una mujer divorciada con un hijo en la universidad, otra a las puertas y una hipoteca. Una mujer que se ha dado cuenta de que no quiero tener ni una sola propiedad que no sea mi moto. Que el dinero no sirve de nada si no es para poder gastarlo en viajar y ver lo que hay un km más adelante. Que cambié mi ropa de firma por trajes de cordura y ropa deportiva, sin dejar, por ello, de ser femenina y coqueta. Que me he dado cuenta de que la verdadera escuela es la que se aprende conviviendo con las diferentes culturas y escuchando a cuantos me encuentro en el camino, respetando ideologías y religiones y compartiendo.





... Mi vida gira en torno a cada uno de los proyectos según se van preparando. He de organizarme meticulosamente para poder compaginar familia, amigos, trabajo, entrenamiento, horas y horas de ordenador, visitas a posibles patrocinadores, búsqueda de colaboradores y medios de comunicación… mi cabeza no descansa ni un solo minuto al día y la energía surge cuando ves que vas avanzando y consiguiendo cosas, que los planes van saliendo muy poco a poco, que la gente se identifica contigo y te anima.

Busqué un entrenador que pudiera ayudarme a organizar mis ejercicios para obtener mejor rendimiento, pero nadie quiso poner su nombre en un proyecto tan arriesgado. Mi edad, que no soy una atleta muy constante y el poco tiempo del que disponía para la preparación, pusieron todo en mi contra. Así que yo misma estudié los resultados que quería obtener, sabía que no se trataba de potencia, si no de resistencia. Y trabajé en ello con los ejercicios más básicos que conocía.



Que #MMR me dejase una bicicleta específica para este tipo de terreno fue una ventaja, de lo contrario habría hecho la travesía con una bicicleta normal y corriente y eso me habría supuesto mucho más esfuerzo.

Semanas antes de emprender el camino hasta el Sahara ya estaba convencida de que haría la travesía fuese como fuese. Escuché consejos de todo tipo intentando sacar conclusiones positivas, a fin de cuentas nadie podía decirme como hacerlo ya que nadie lo había hecho antes.









La responsabilidad que siento en el punto de partida -me ha pasado en 20Mares, en la Sahara Crossing TA y ahora- es tan fuerte que no dejo que surjan dudas y mi propósito es avanzar sea como sea y en cualquier circunstancia que no ponga en peligro mi vida o la del compañero.

Cada mañana sonaba el despertador a las 6:30 h, pero remoloneábamos hasta las 7, mas o menos. Después, mientras Jose se peleaba con el viento para encender el hornillo y preparar un café, yo iba recogiendo las mantas, almohadas, colchón y la parte superior de la tienda de campaña. Los primeros días, con el rocío de la noche, todo estaba mojado y había que airearlo hasta que se secase, lo que nos hacía retrasar la salida.




Después de desayunar café y galletas, algunas veces hice tostadas de pan en la sartén, Jose se ponía a recoger todo, las cajas de alimentos y cacharros, las sillas y fregar tazas y cucharas. Yo me metía en la tienda de campaña para poder refugiarme del viento y la arena y, como un ritual perfectamente estudiado, me aseaba bien y me aplicaba la vaselina que me habían recomendado en la zona de la badana; después me ponía el coulotte con mucho cuidado de que ningún grano de arena pudiera quedar pegado a la vaselina; a continuación la crema solar en piernas, brazos y cara.



Antes de guardar la última bolsa, la de las cámaras y baterías, Jose me colocaba la cámara de acción, que grabó en time lapse todo el recorrido, en el manillar de la bici y la ponía a funcionar para que en las primeras imágenes quedara registrado el punto de partida, y colocaba también el gps que, ademas de orientarme en la ruta me iba diciendo la hora, los km que iba haciendo y la velocidad a la que pedaleaba.




Después me envolvía bien el pañuelo alrededor de la cara, las gafas, los guantes, rellenaba el bidón de agua, y a rodar.



Me gustaba saber los km que iba haciendo porque era una manera de orientarme para esforzarme mas o menos. Después de los tres primeros días me di cuenta de que lo mejor era hacer 60 km antes de la parada larga de medio día, pero parando a los 30 km para comer un poco de fruta. Algunos días, que la pista no era muy complicada y el viento no azotaba demasiado fuerte en contra, llegué a hacer 70 km antes de la parada larga. Otros días, con el viento totalmente en contra, alcanzaba este objetivo a la 16:00 h . Y solo el día que nos sorprendió el siroco, y que tuve que caminar tirando de la bicicleta durante 20 km, paré mucho antes de haber recorrido esa distancia.



Mis dedos comenzaron a dormirse a partir del segundo día por agarrarme con fuerza a los puños del manillar y las continuas vibraciones en los pasos pedregosos; aún hoy, no he recuperado toda la movilidad y fuerza en ellos.




...Tantas horas sobre la bici te hacen pensar en todo. Mi vida pasó ante mi instante a instante. No me arrepentí de mis errores, porque si había llegado hasta allí era por haber sabido enmendarlos y aprender de ellos.

Muchas cosas fueron las que me dieron fuerza cuando llegaba a las complicadas trialeras o los pasos de rio, entre ellas mis hijos. Me acordé mucho de ellos y me acordé de mi compromiso y que estaba allí por todas las mujeres; me había comprometido a trasmitirles mi fuerza, a hablar por las que no pueden, y no quería fallarles. Intenté entender sin conseguirlo por que nos engañamos tanto, porque nos afanamos en analizar lo que hacen mal a miles de km y no vemos las necesidades que tenemos a la puerta de nuestra casa. Somos propensos a criticar y juzgar al prójimo sin mirarnos ni un minuto al espejo. Deseé en todo momento que tanto esfuerzo valiera la pena, que alguien compartiera nuestro propósito y, como una cadena, se terminase con los malos tratos.

Deseé también ver a mis hijos felices, y que una pizca de mi sangre aventurera corriera por sus venas. Pero, sobre todo, deseé que no tarden en darse cuenta de que las propiedades, el lujo, las apariencias, al final cansan y no satisfacen, el verdadero valor está en la paz que nos invade y trasmitimos, en el respeto y la tolerancia.

Me acorde mucho de mis padres, a los que quiero con locura. Ellos han querido y sabido entenderme siempre. Me han ayudado más de lo que pudieron en muchas ocasiones y sin decir nada, en silencio, me respaldaron en cada decisión que tomé sin cuestionarla. Me vino a la idea de que tal vez algún día tenga que dejar mis aventuras para estar a su lado, pero lo haré con el mayor de los gustos, no porque les deba nada, que se lo debo, si no porque querré estar con ellos y cogerles de la mano como ellos lo hicieron conmigo.

Me acordé de las risas con mis compañeros, con los de Gijón, de los que guardo un bonito recuerdo y con los que sigo en contacto, y con los de Oviedo, que me animan y no dejan de decirme loca.


Jose iba pendiente de mi en todo momento, grabando y haciendo fotografías, y preguntando si necesitaba agua cada vez que pasaba por su lado. También se preocupaba de que nunca quedase la cámara de mi bicicleta sin baterías.


Cuando paraba a comer fruta o a comer a medio día me sacaba rápidamente las sillas para que me sentase con los pies en alto, y un chubasquero para que no me enfriase y protegiese el coulotte de la arena.





Con toda la paciencia del mundo Jose me preguntaba que me apetecía comer, aunque el menú no era muy amplio, embutido, sardinas, atún con tomate o fruta. Yo me preparaba mi bocadillo con el pan para celiacos que llevaba y miraba con ojos de pena los panes jobs que para él había comprado en el último pueblo, que me parecen un pan delicioso, pero que me sientan fatal.

Un par de bocadillos rápidos, una fruta, rellenar agua y a seguir. A excepción de las últimas 4 etapas en las que tuvimos que parar hasta las 17:00 h, que bajase un poco el sol para poder continuar.



Cuando el calor era tan fuerte, a las 11 de la mañana ya me costaba seguir pedaleando, pero aguantaba como podía, parando cada 2-3 km para beber y recuperar el aliento. Estos días ya no pude ponerme el pañuelo en la cara, me daba tanto calor que me faltaba el aire y no podía a penas respirar. Hubo momentos en los que el bidón me ardía en las manos al cogerlo y el agua estaba tan caliente como si hubiese sido puesta al fuego. Y si tocaba el cuadro de la bici con las rodillas me quemaba también.

Algunos días las etapas se hicieron cortas por rodar más deprisa y montábamos el campamento más temprano, con la luz del día; pero otros dejaba de rodar al caer el sol y tocaba montar tienda y hacer la cena a la luz de linternas.





Yo decidía cuando parar, y por lo general era cuando ya estaban completados los km que me había propuesto para esa jornada, o cuando llegábamos a algún pozo o casa que ya teníamos señalados en el mapa. El ir de pozo en pozo me motivaba. Por un lado podría haber pastores y la tarde sería más amena, por otro podríamos hacer la cena y dormir en la cabaña y no perder tiempo con la tienda.


Cuando parábamos para montar el campamento lo primero era armar la tienda de campaña y encender el generador para cargar las baterías en la tienda res guardándolas del viento y arena.

El generador lo colocábamos lejos gracias a un alargador que Jose había previsto, pero aún así el ruido era molesto.

Yo, mientras tanto, me desvestía con el mismo cuidado que me había vestido y guardando cada paso del mismo ritual. Limpiaba cuidadosamente la badana y, envuelta en un pañuelo, la ponía al aire para que se secase. Me limpiaba todo el polvo y arena que se habían pegado a mi durante el día y me ponía el bálsamo que mi madre me había recomendado para las partes más sensibles machacadas por el sillín;  para las quemaduras del sol que no pude evitar y que me dolían mucho, #Elite Profesional y #Armonia Nail Bar me había facilitado una crema corporal a base de aceite de argán y rosa mosqueta con un olor tan agradable que a la vez que me refrescaba, me hacía olvidar todos los días que llevaba sin pasar por la ducha. También me ponía pomada para el dolor en las rodillas, pero pronto dejé de hacerlo porque vi que no necesitaba nada, mis piernas son fuertes y no me dolían, solo estaban un poco cansadas.



Elegíamos el menú para cenar y montábamos toda clase de parapetos para que el viento no apagase el hornillo y no masticásemos arena. Después de los garbanzos, fabada, albóndigas o arroz, macedonia, dátiles o piña de postre.


Casi todos los días Jose sacaba una botella de Oporto y brindábamos por el éxito de la etapa.

Después yo me metía en la tienda a escribir mi diario; anotaba la hora de salida, la hora de llegada, el punto gps donde hacíamos noche, lo dura que había sido la etapa, como me sentía...



Jose recogía debajo del coche las cajas. No era necesario guardar nada, sabíamos que nadie lo tocaría, porque nadie pasaría por allí, y si pasaba algún pastor o militar, no pasarían muy cerca para no molestar. Así es aquella gente.

Nos tomamos muy en serio el mantenimiento de la Flaca. Limpiabamos bien la cadena de la bicicleta y la engrasabamos cuidadosamente con un lubricante seco de larga duración que me recomendó Litu, de MMR. Este lubricante va muy bien en este terreno ya que una vez seco cumple su función sin que el polvo y la arena se peguen. Después Jose la metía en el 4x4 para que secase protegida del fuerte viento.





Cuando dormíamos en alguna cabaña los pastores dormían fuera, bajo las estrellas. Por más que les rogaba que compartiesen la cabaña con nosotros, que me sentía mal si no lo hacían, ellos contestaban que ellos se sentían mal si no dejaban su casa para nosotros. Cenábamos todos juntos y a la mañana siguiente nos sorprendían bien temprano con una sonrisa y un té.





Cuando Jose entraba en la tienda de campaña lo hacía con la tablet y diciendo -traigo el cine, que quieres ver?-. Yo le decía -cualquiera, no importa, me dormiré antes de que salga el título-, y así era. El cansancio diario me hacía quedarme dormida muy pronto, pero me levantaba totalmente repuesta.




En las últimas etapas, cuando pasábamos de 35 grados, le pedí a Jose que fuese delante y parase cada 5 km para cuando yo llegase a él obligarme a beber. Muchos días metía un limón partido en el bidón para que el agua caliente no me cansase, y sobre él iba rellenando. Llegué a beber mas de 5 litros al día, pero nunca necesitaba parar para hacer un pis, mi cuerpo sudaba tanto que lo eliminaba, y las sales teñían de blanco y acartonaban mi ropa.



No dejo de decir a todos que en todas estas expediciones el trabajo en equipo es lo más importante. La confianza plena en el compañero es esencial. Hay momentos para todo, nos reímos, reñimos, bailamos, compartimos tienda, nos contamos lo que nos duele o nos preocupa… hemos llegado a vernos, uno al otro, como algo más de nosotros mismos. No tenemos reparos o remilgos para desvestirnos, curar una heridas, ir al váter, lavarnos, ponernos cremas, o cualquier otra cosa que tratándose de una persona ajena pudiera suponer vergüenza o desconfianza. Y pienso que de tener pareja alguno de nosotros, nunca entendería esta relación de compañerismo, siendo ésta otra de las cosas que los dos sacrificamos a cambio de nuestras aventuras.


Ahora, a la vuelta, comentamos todas las pequeñas cosas que nos preocuparon durante la travesía. Analizamos cada detalle para evolucionar y mejorar como si de un proyecto científico se tratase. Comenzamos a planificar nuestra agenda para las siguientes semanas, y sin descanso, continuamos con el siguiente proyecto… nos vamos al estrecho de Bering, esta vez a pasar frío.


Agradecemos la ayuda de patrocinadores y colabordores que hicieron posible "Con2...ruedas": MMR, Legea, Instituto Asturiano de la Mujer, CIM Vallede Lecrín, Federación de Asociaciones de Mujeres del Valle de Lecrín, Consejo Comarcal de Mujeres de la Comarca de la Sidra, Ayuntamiento de Villaviciosa, Ayuntamiento de Oviedo, Ayuntamiento de Palencia... y todos los que poco a poco se van adhiriendo.

Nos encantaría contar con más ayuda. Entendemos que son proyectos muy buenos, diferentes y originales que gustan a mucha gente.