DESPLEGABLES

.Fotografías

22/8/13

República de Karelia, en busca del mar Blanco.

Madrugón como es costumbre. Un buen desayuno. Y a la carretera.

Intento localizar el canal que se supone que une el mar Báltico con el Blanco, pero desisto al poco ya pensando que estoy en Rusia seguro que no hay acceso. Estará todo vallado y bien vigilado.




Cuando lo que buscas es aventura, en Rusia poco puedes hacer. Todo está controlado al máximo. No les gustan las fotografías. No se comunican. Creo que me cansé de mostrar mi sonrisa en vano.


Hay controles policiales cada poco, algo parecido a aduanas.

Paran indistintamente a unos y otros. Mandan abrir las puertas y maletero y controlan lo que hay en el interior. Los mas perjudicados son los camioneros.

A mi solo me pararon una vez. Tuve que abrir todas las maletas.

En alguno de estos controles, sobre todo en el sur, para evitar que pases a gran velocidad, hacen un cuadrado elevado en el pavimento que rellenan con arena o paja mojada. O pasas despacio o deshaces los bajos (risas).

Los conductores están bien atentos al palito que todos los policías llevan en la mano, la varita mágica (risas), solo tienen que levantarla y todos se paran sin preguntar.

                                        

Pensé que me encontraría nuevamente con una carretera repleta de camiones. Hacia el norte se mueven menos.



Pinares y mas pinares, lagunas a ambos lados que hacen del paisaje, por fin, algo bonito.



Siguen vendiendo a las orillas de la carretera pequeños cubos de vayas, incluso pescado secado.


Hasta la frontera hay 1500 kilómetros mas o menos. Procuro estar atenta a los policías y llego a rodar a 160/170 km/h.

El pavimento no es tan malo como en días anteriores, pero deja mucho que desear. Las rectas son eternas...

Vuelvo a encontrarme con obras. Están señalizadas pero el cruce de ambos sentidos en un mismo carril no lo regula nadie y se convierte en un caos. Todos quieren pasar a la vez.

Me tengo cruzado con camiones que bien pensé que me arrancaban la maleta izquierda.

Con todo esto...me paso de la salida hacia Belomorks que es donde quería ver el mar Blanco. Me doy cuenta cuando estoy 150 kilómetros mas adelante. Pues no daré la vuelta para volver a meterme en las obras. Decido hacer noche y ver el mar desde Cambalaksa.

Noche en una caseta de obras un poco mas grande de lo normal y que una gasolinera tiene acondicionada como hotel. Los camioneros lo agradecen,  y yo, en este caso, también. Pero en las duchas no pienso entrar (risas).