DESPLEGABLES

.Fotografías

15/8/13

Go to Rusia!!



13 de agosto Tbilisi, Rusia.





Breve visita a lo único que creo que merece la pena de Tbilisi, que es un pequeño rincón de casas que mantienen la estructura de antaño, rehabilitadas y bien cuidadas, y entre las que se encuentra el reloj de la torre inclinada. Un bonito reloj que a la semejanza de la torre inclinada de pisa, se cae hacia un lado (risas).



A la catedral, igual que ayer, imposible llegar. Todas las estrechas callejuelas que parecen llegar a ella, te acaban desviando hacia otro lado irremediablemente. La rodea un barrio poco recomendable, aparentemente. Pero hace mucho que no me dejo llevar por las apariencias. 


Un buen desayuno en la plaza central de Tibilisi, con Carlos, que se dejó caer en la ciudad bien entrada la noche. Los dos tomamos dirección a Rusia por Stepasminda, la frontera que aconsejan por ser más tranquila y menos exigente.



Atravesamos el Parque Nacional de Kazbegi. Montañas verdes que lucen sus canas grises de piedra buscando las nubes, para luego dejarte caer hacia el otro lado. 





En el camino, las mujeres del lugar ofrecen sus coloridas labores de pura lana a los viajeros del paso. Sus manos muestran que no tienen una vida fácil en el campo. No les falta una sonrisa.

                                      

La carretera que baja hacia la frontera está en obras, hay grandes colas de coches esperando que las máquinas se aparten y dejen paso por lo poco que queda del camino. Grandes baches, hondonadas y montañas de ripio que hacen las delicias de Walkiria.

Los obreros, curiosos, observan nuestro paso seguro en el laberinto de camiones y maquinaria.

En una curva nos fuimos al suelo, pero no tardó en parar un coche y echarnos una mano para volver a reanudar la marcha.

Llegada a la frontera georgiana. Dos carriles sin asfaltar en pendiente hacia una caseta que no está en mejores condiciones. Más colas. Ante la insistencia de uno de los conductores, los guardias nos mandaron pasar entre los coches y ponernos los primeros en la ventanilla. Comprobación de papeles; - go to Rusia ¡! dijo el guardia.

Un par de kilómetros más adelante la carretera, ya en buen estado, se estrecha para dejar dos únicos carriles y bien justitos.


                                      

Un par de horas más tarde aún estábamos esperando para que la barrera rusa se abriese ante nosotros. Cuando ya estábamos bien cerca vemos como bajan coches por el carril contrario y meten el frontal de su vehículo contra los que estábamos delante con la intención de, ante el peligro de chocar, colarse. Algunos incluso llegan a negociar con dinero que les dejen ponerse delante.

Durante diez minutos reinó el caos y los gritos entre unos y otros parecían que iban a terminar en algo más.

Tuve que plantarle cara a un conductor y éste, insistente llegó a rozar la maleta de Walkiria. Fue entonces cuando mirándole fijamente a la cara a través del cristal, le grité algo que seguro no entendió. Esto, y la expresión de mi cara le hicieron desistir en su empeño.

Ya dentro del recinto vallado se me ocurre hacer una foto. Pronto llega un guardia grandote haciendo gestos y alborotando, - fotos no!! Hago ademán de borrar la foto pero no lo hago.

                                     

Una barrera, una ventanilla, rellenar un papel aquí, dos allí.

A punto de firmar un papel que había que cubrir por duplicado, y que aún no se para que sirve, me llama la Cope. Mitad de entrevista y el mismo guardia vuelve a acercarse chillando: -móvil no ¡!

Ultima ventanilla, un Esloveno me pregunta si tengo hijos. Le respondo que dos. Me dice: - si tienes hijos, que haces viajando en moto? Creo que la expresión de mi cara le valió de respuesta.

Ya en Rusia, por fin.

Otro país que necesita una mano de pintura. Como en Georgia, se ve que las casas fueron bonitas en su día, pero nadie se preocupa de ir reparando o adecentando los daños que el paso del tiempo les causa. Todas en fila alrededor de la carretera, todas de planta baja, todas tristes…

En la ciudad volvemos a los contrastes. Grandes monumentos en grandes plazas. Bloques de edificios que parece imposible que nadie los habite. Tranvías sin color por el óxido y coches que parece imposible que aún circulen al lado de mercedes último modelo.



Camino del Elbrus la tarde empieza a caer. 


Las mujeres están sentadas a la puerta de sus casas. Las viviendas no parecen gran cosa, pero los portones de acceso llaman la atención. Un trabajo de forja bien hecho parece ser la medida del estatus social.

Se hace de noche. Preguntamos varias veces hasta que dimos con un hotel próximo a la estación. Resultó ser un Albergue donde dormimos más o menos bien y desayunamos estupendamente por 15 € cabeza.