DESPLEGABLES

.Fotografías

8/8/13

Estambul, mar de Mármara.


Miércoles noche.

Cansada ya de pelearme con el editor de vídeos y de tener a mi hijo Éric al otro lado del wasap para darme las indicaciones, y ver así si puedo solucionar el problema, voy a ponerme con la página. Es tarde y mañana me queda un buen camino hasta Pamukkale.

Madrugue mucho. Lo primero que hice fue asomarme por la ventana para ver si Walkiria seguía aparcada delante del hotel, donde la había dejado.

Allí estaba y no parecía que hubiera sido objeto de ninguna otra cosa que las miradas curiosas de los que por allí pululaban.

Saqué unas pegatinas, no se me ocurrió otra forma de agradecer su hospitalidad. Muy agradecidos nos desearon buen viaje a las dos, yo creo que mas a Walkiria que a mí.

Dirección Estambul me pare en una gasolinera para repostar y desayunar. Mi primer desayuno en Turkía.

                                 
Café con leche, pan de pita relleno de queso y melón. No estuvo nada mal. La verdad es que estaba todo buenísimo.

Rectas y mas rectas hasta la bulliciosa Estambul, la –virgen mil veces desposada- , como la llaman.

                                 

                                 
Directa al centro. Entrada por el paseo marítimo. Cruzada la muralla empiezan las estrechas y empinadas calles adoquinadas. En alguna, mojada por el agua vertida a la calle desde los establecimientos, Walkiria se desliza hacia atrás.


                                

Es una ciudad limpia que combina lo tradicional con los nuevos hábitos implantados para el bienestar del turista, al que protegen concienzudamente.

Apartada a un lado en la plaza de……le pregunto a un compañero que pasa si molesta la moto sobre la acera. Me dice que de ningún modo, y que puedo meterla en el medio de la plaza para hacer las fotos.

                                 

                                 

Ahí comienza la fiesta. No hice más que aparcar a Walkiria entre la Mezquita Azul y la Basílica de Santa Sofía, que ya estaba rodeada de gente, rusos, japoneses, italianos…con la disculpa del niño, iba la madre y los dos posaban para la foto (risas).

                                

                                

                                

Cuando pasa esto es como si el alma se me iluminase y viese que mi viaje está cumpliendo su objetivo. Hay un motivo más que los monumentos o las playas para unir a la gente. 20Mares tiene el mismo efecto. Aunque solo sean unos minutos y en un lugar muy concreto. Ver a la gente de distintos países sujetar las banderas y corear 20Mares, eso es más fuerte que ninguna droga.

Subo yo, baja tu. Foto por aquí, vídeo por el otro lado.

                                 

                                 
Me busco un sitio seguro para dejar la moto cargada y poder disfrutar de la ciudad.

Primero la Mezquita Azul. Quitar las botas y cubrirse el pelo. Unos minutos tirada en el centro de la gran sala, mirando al techo y las enormes lámparas que casi se pueden tocar con la mano. Ya había visto una de las más importantes del Cairo. Pero La Azul, no tiene nada que envidiar. Muy bonita.

                                 


Basílica de Santa Sofía, con sus reconocidos mosaicos. Lástima que las humedades le estén causando tanto daño.

                                

                                

Y el conocido Zoco. Batiburrillo de todo lo que puede ser vendible, esencias, especias, lámparas, alfombras, bolsos, pulseras…..Por cierto, no me tocaron el culo ni una sola vez (risas). Yo que fui solo por eso (risas). Tal vez el pantalón de cordura no les resultó nada sexi (más risas)…

                               

                               

                               
Un tentempié en una terracita a la sombra y a coger la moto que ya se está haciendo tarde.

                                   https://www.youtube.com/watch?v=QshVpNPAmaI

Dirección a Pamukkale, inmersa en el atasco de la autovía, kilómetros y kilómetros de atasco, me da tiempo a conversar con todos los que van parando a mi lado. Más fotos y más risas.




Me sorprende que cuando se pone el sol comienzan a parar casi todos por las orillas, en las áreas de descanso, en gasolineras, todos los coches parados para salir a estirar las piernas y comer. Es Ramadán y es la puesta de sol la que les pone punto final a la jornada de ayuno.

A las 21:00 consigo llegar a una pequeña población que no se ni como se llama, pero que seguro que tiene un humilde hotel donde pasar la noche poniendo al día mi sitio y descansando para una nueva etapa.

Una jornada genial. Una mas.