DESPLEGABLES

4/7/16

con una Mash CRUZANDO EL SAHARA OCCIDENTAL...

Amanece el tercer día en el desierto.

El sol salió muy temprano. Yo no dudé en levantarme pronto con la esperanza de rodar con el fresco y parar un rato a medio día, a la sombra de las motos, pero a Jose se le hace imposible madrugar... (risas)

Preparo los batidos, desayuno, lavo los dientes... y por fin sale Jose de la tienda.


Yo le entiendo, él va muy bien en moto, podría abrir gas y perderse en el horizonte en menos de 3 minutos. Por otro lado, él es de secano y le gusta el calor del desierto; a mi no es que no me guste, de hecho no lo llevo nada mal, pero me gusta parar a medio día, cuando mas calienta el sol, para comer las barritas tranquilamente y descansar.

Terminamos de recoger a las 9. El objetivo es llegar a #Smara, repostar las motos, cargar las garrafas de gasolina y comprar agua; si todo va bien pasaremos otros dos días aislados en las pistas.


Con la disculpa de repostar en Smara y comprar agua habíamos hecho planes de tomar un café en una terraza y comer un pastel. No sentíamos hambre, los batidos y barritas cumplían perfectamente con su cometido, pero las ganas de algo más se agudizaban por momentos.

Pasamos el control a la entrada de la ciudad, no creen que hayamos cruzado el Oued #Afra y #AnNaklha con las motos tan cargadas. Su curiosidad es infinita, mas allá de su obligación de saber de donde venimos y a donde vamos, sienten admiración.

Primero vamos a la gasolinera. Después nos paramos en una terraza para tomar el café y pastel que tanto ansiámos, comprar agua y distribuirla bien en las maletas.

Pasamos el control de salida de la ciudad y nos dirigimos nuevamente a las las pistas. Ya no tengo esa sensación de inseguridad, solo ganas de volver a la nada, a los paisajes infinitos de colores cambiantes que me retan cada minuto con sus pasos arenosos.



A pocos kilómetros encontramos el primer muro,un muro defensivo ,  un cordón de piedra y arena levantado para proteger la ciudad de Smara.

Marcamos, aquí, el primer waypoint del día.
La sensación de no estar solos va creciendo con el paso de los días. Ya nos hemos acostumbrado a pensar en el #SPOT y lo miramos como si ahí mismo, dentro de esa cajita, estuvieseis todos.
Solo esperamos no tener que pulsar nunca el botón de SOS. A medida que avanzamos hacia el interior del desierto, donde sabemos que no encontraremos a nadie, llevarlo nos hace sentir mas tranquilos y seguros.

Jose me dice que los camellos se han encargado de hacer más segura la zona, pero que no debemos desviarnos de la pista al menos en 1 km antes y después del muro, aún pueden quedar minas.

Se hacen más frecuentes los pasos de arena y con el sol de medio día la arena se calienta y es mas difícil atravesarlos.



Hemos encontrado dos rebaños, pero las jaimas estaban alejadas y los pastores, apostados debajo de acacias,  se limitaron a levantar la mano para saludar. Me apetece parar y charlar un rato con ellos, pero no estamos para perder mucho tiempo.

Las llanuras se hacen  eternas y parece que no avanzábamos. Al llegar a los pequeños montículos sabes que al otro lado no habrá nada, pero esperas, al menos, un cambio de paisaje. Jose se aburre rodando a mi ritmo.
Los cambios de color y textura son los que hacen que el Sahara te enganche y termines por amarlo a pesar de su dureza.

Es, en estos pequeños altos, donde corre más la brisa y donde aprovechamos para parar a beber o hacer alguna fotografía.



Son casi las 3 y paramos a comer.

Lo primero que hago es  tirarme a la sombra de la moto, como siempre, para coger aire.

Después de unos minutos comenzamos a sacar el agua y los polvos para hacer un batido. No somos nada disciplinados y hacemos lo que nos da la gana con el menú; esta vez hay batido y barrita energética.




Aquí no hay opción a siesta, así que recogemos todo asegurándonos de que las maletas están bien cinchadas para que las vibraciones no rompan todos los soportes, y continuamos haciendo kilómetros.




A pocos minutos llegamos a las ruinas de un punto fuerte en el muro defensivo de Bou Craa.
Me encanta como Jose me explica toda la historia de estos lugares, parece que lo vive, y recorre cada rincón y piedra queriendo reconstruir el sitio tal y como era años atrás.
A mi me gusta mucho la historia, así que le escucho atentamente imaginando como sería la gente y lo que estarían haciendo en ese mismo momento si volviésemos al pasado.



Como todos los días, rodamos hasta que cae el sol. Parece mentira como engaña a la vista la luz del atardecer. No se aprecian bien los cambios de terreno y cuando piensas que está firme... ya estas dando saltos sin control en la arena.



Montamos la tienda en el medio de la nada, orientándola de tal forma que el fuerte viento no pueda soltar las cuerdas, y con las motos haciendo de pantalla. 

A estas alturas ya hemos superado todos los pudores en cuanto a olores y colores, llevamos cuatro días sin a penas lavarnos, y con la misma ropa. Dentro de la tienda el ambiente humano se corta con la navaja (risas), pero seguíamos metiendo botas, coraza y traje con nosotros; todo esta empapado en sudor, pero si lo dejábamos sobre la moto, al contrario de secarse se mojará aún mas con el rocío. 


Los amaneceres en el desierto son puro romanticismo.



A escasos kilómetros de donde habíamos acampado nos encontramos con uno de los paisajes que más me gustarían de toda la travesía. El horizonte se tiñó de amarillo por la vegetación seca y nos dejó atravesarlo, fuera de pista la mayor parte del tiempo,  sin dificultad alguna. La sensación de libertad fue tan grande que deseo que no se termine nunca.


A media mañana Qawi, la Mash 400 Adv. cedida por #MashHeros66 , comienza a hacer un ruido extraño. Me paro y comprobamos que uno de los tornillos que sujetaba el tubo de escape se había aflojado y lo he perdido. Recurrimos a la solución fácil hasta llegar a la primera gasolinera, alambre.


En nuestro elemental kit de herramientas habíamos metido algunas de esas cosas que sirven para todo, goma de cámara de bicicleta, alambre, bridas... y al final del viaje seguro que nos alegraríamos de haberlo hecho.





Después de la parada para comer y rellenar el camelbak cogimos un tramo de pista muy rápido del antiguo rally Paris Dakar.

Estos tramos señalizados, por lo general, son rápidos, pero están muy usados y las roderas son muy traicioneras. A veces es mejor ir por el exterior, donde el terreno está más compacto.


Y no podía pasar el día de hoy sin la correspondiente prueba de esfuerzo, el río Assag
Buscamos a pié el mejor paso posible, pero las montañas de arena con hierba de camello están por todas partes y decidimos pasar por lo que parece el paso más frecuentado.

Me quité el casco y la chaqueta para no morir en el esfuerzo (risas). En tres intentos estaba al otro lado. A Jose le costó un poco más pasar a Walkiria, es más pesada y a esta hora, como ya os conté antes, la arena está muy blanda facilitando que la moto se entierre aún más.



La tarde se hace larga y vemos como cae el sol.

Si llegamos al Craa esta noche tal vez podamos cenar algo más que batido. Continuamos a pesar de las dificultades de no ver bien donde metemos la rueda, con la recompensa de encontrar en la estación de servicio un pequeño restaurante.


Solo hay tortilla francesa y pescado frito.
Pedimos ración doble de todo con la sorpresa de que una vez que empezamos a comer, sentimos que no tenemos hambre y tenemos que dejar más de la mitad en el plato. A pesar de todo, estamos bien alimentados por los polvos de proteína y las barritas de chocolate con naranja.


Lo que no puedo negar, sobre todo yo, es que estoy muy cansada. El río Assag ha rematado una dura jornada.
El chico que regenta el pequeño restaurante nos pregunta donde vamos a dormir, y al saber que vamos a montar la tienda en la parte trasera de la gasolinera, nos invita a quedarnos en su cuarto.
Dormir sobre un colchón de lana siempre será mejor que la esterilla y sobre todo, no hay que montar la tienda.
Vemos como sacan todas sus cosas del cuarto y nos invitan a entrar para comprobar que la habitación es aceptable.


Cómo no va a serlo después de cuatro días de Sahara?





6/6/16

menú SAHARA CROSSING TA...


Las largas etapas alejados de la civilización y la imposibilidad de cargar con más peso en las motos nos hizo pensar en una alimentación alternativa.





María Jesús Arguelles (675 318 103), nutricionista de Herbalife, gran amiga y aficionada a las motos.
Ella se comprometió en elaborar una dieta acorde con nuestras necesidades; No solo se trataba de reducir peso y volumen en el equipaje, habría que garantizar todas las vitaminas, minerales, proteínas e hidratos de carbono que necesitan nuestras células para tener un alimento equilibrado y por consiguiente mucha energía.




Jose, sin duda un gran experto en estas tierras, se encargaría de buscar el camino más favorable; Pero piedras, arena y calor se encargarían de poner a prueba nuestra resistencia día a día.




Cada mañana y cada noche preparábamos el batido F1,  éste era la base de nuestra alimentación. Nos lo tomábamos poco a poco y a veces teníamos que hacer un esfuerzo para terminarlo, estábamos saciados antes de terminar el baso.

Durante días nos acordábamos de las galletas, de los huevos con patatas, del pescado frito preparan por toda la costa de Marruecos... pero, sin embargo, estábamos satisfechos y no sentíamos hambre, solo ganas de esas cosas que más nos gustan.



A medio día pasábamos con una barrita energética, a veces dos, y mucha agua.

Pero lo que más nos sorprendió fueron los CR7, unos polvos que agregábamos al agua y que aportaban  mucha hidratación, ayuda al descanso y regeneración muscular después del gran esfuerzo físico. Aliviaron las agujetas y el dolor de piernas por remar  en la arena, y de los brazos por agarrarse tan fuerte al manillar.



Cuando llegaba el momento de los bajones y de decir -no puedo seguir estoy agotada, las pastillas efervescentes "Liptoff" con alto porcentaje de vitamina C aportaban energía instantánea y más capacidad de concentración.



Estamos seguros de que haber planificado la alimentación de esta manera ha sido clave para el éxito de esta travesía. Haber tratado de llevar otro tipo de comida habría supuesto mayor esfuerzo y tal vez el fracaso de la Sahara Crossing TA.














22/5/16

Me voy de aventura... pero estoy aquí...



Cuando pensamos en viajar, o no lo pensamos pero simplemente lo hacemos, nos sale del alma, o lo llevamos en el corazón, no somos ajenos a los temores que padecen los que nos rodean y que nos aprecian y quieren.


Nosotros disfrutamos del camino, de la ruta, de la gente, de cada uno de los momentos... Y ellos pueden llegar a disfrutar de esa misma atracción por lo nuevo y lo desconocido si somos capaces de trasmitirlo.


Aún son muchos los lugares donde las tecnologías, por suerte, no han llegado; Y generalmente son esos los sitios que nos atraen por la magia que los envuelve.


En la Sahara Crossing TA contamos con el SPOT Gen3, una bonita forma de decir -aquí estoy-, y de dar la oportunidad a todo el que quiera de seguirte en la ruta y de compartir tu aventura a un tiempo.



""...Dijeron que no debíamos continuar a esa hora en la que el sol calentaba tanto, pero convencidos de que continuaríamos a pesar de todo, nos mostraron cual era el paso al otro lado del río que nos resultaría más fácil.

Llenamos nuestros camel-bag y nos despedimos con una sonrisa, un apretón de manos y una palmada en el corazón, como es su costumbre.

Antes de seguir quisimos que desde casa nuestra familia y amigos supiesen donde estábamos, así que activé el SPOT marcando nuestra localización y enviando el mensaje de "Aquí estamos".

Nunca me había imaginado que algo tan simple fuese tan útil y a la vez bonito; fue el primer viaje en que todos podían seguir nuestros pasos enganchados a la curiosidad de saber cuánto avanzábamos y con la tranquilidad de que si lo necesitábamos, podríamos lanzar la señal de emergencia....""          (Párrafo de la primera parte de la crónica sobre La Sahara Crossing TA, por Judith Obaya)