DESPLEGABLES

.Fotografías

28/1/17

Al Mulhacén por TODAS LAS MUJERES DELMUNDO...



En los últimos años no solía haber mucha nieve en la cara sur del Mulhacén y en el momento de fijar la fecha no contábamos con la ola de frío que afecta a la mayor parte de la península estos últimos días.


Los preparativos fueron los necesarios para una carrera trail en un entorno de temperaturas bajo cero y unos centímetros de nieve.

La idea era una carrera lenta, pero continua, salvando los 2029 m de desnivel y 15 km hasta la cima, desde el punto de partida en Hoya del Portillo, que en condiciones normales los montañeros suelen hacer en dos etapas, pasando una noche en el refugio de Poqueira.




Después de investigar en foros y preguntar a los mas asiduos a este tipo de pruebas, nos decantamos por unas zapatillas trail impermeables y unas polainas sencillas impermeabilizadas con plástico y cinta americana.



La ascensión la haría yo sola guiándome con un GPS que marcaría la ruta a seguir, utilizada en otras ocasiones por Jose, mi compañero de equipo, buen conocedor de la zona; él iría más retrasado, pendiente en todo momento de los problemas que pudieran surgir. Las comunicaciones entre nosotros las hacíamos a través de emisoras portátiles. También llevábamos una baliza Spot y un teléfono satélite de los que echaríamos mano en caso extremo.



En el punto de salida el espesor de la nieve ya alcanzaba los 15 centímetros, y había decidido comenzar la ascensión por la ruta más larga, pero con una pendiente más suave al inicio, para ir adaptándome.

A 3 km del punto de partida el espesor de nieve había aumentado considerablemente y esperé por Jose, que subía por un atajo, para cambiar las zapatillas de correr por las botas. Estaba muy claro que la carrera en estas condiciones era imposible y pasaba a ser una ascensión de montaña en toda regla.


Hasta el Alto del Chorrillo, 8 km aproximadamente, no fue muy complicado, salvo por los peces de nieve donde me hundía hasta la rodilla y las placas de hielo que me hacían temer por un mal resbalón que me lesionase un tobillo a menos de un mes para salir hacia el Sahara. El sol me acompañó casi todo el rato y en ocasiones me dejé guiar por las huellas de un zorro para evitar hundirme en la nieve; parecía que el animal sabía lo que hacía y por donde él iba no había mucho espesor.


A partir de este punto la pendiente se acentúa, las placas de hielo son más frecuentes y algunas rachas de ventisca hacían que notase más el frío. De vez en cuando cruzaba alguna nube tan oscura que parecía que estaba anocheciendo, las miraba con temor y agradecía que pasaran de largo para no complicar la subida si les daba por descargar nieve.



Fue cuando alcancé los 10,5 km aproximadamente, cuando las cosas empezaron a complicarse. No fueron los desniveles de lo que a mi me parecía un 30% o más, sino que fueron las constantes placas de hielo para las que no llevaba unos crampones de alpinismo, y la ventisca que cada vez se hacía más fuerte y constante. La escarcha se pegaba a las gafas y no veía nada; me dolían los ojos y me lloraban continuamente, pero decidí quitarlas para distinguir mejor donde ponía los pies.

Fijé la mirada en una roca a lo alto y decidí llegar a ella para refugiarme de la fuerte ventisca y comprobar en el GPS la dirección que tenía que tomar y la distancia que me quedaba hasta la cumbre.




Llegué a la roca con mucha dificultad. Apenas veía nada y notaba mucho frío en las manos y la cara. Cuando miré al norte, donde se encontraba mi destino, vi que una espesa niebla amenazaba envolverme con rapidez. En ese momento pensé que era una temeridad continuar y que me podía costar muy caro. Pero no quise irme de aquel lugar sin prometer volver a intentarlo y llevarme algunas imágenes de recuerdo del punto más alto alcanzado nunca por mi. Cambié la batería de la cámara soportando un fuerte dolor en los dedos a causa del frío mientras recordaba a Liv Arnesen (Las niñas buenas no van al Polo) en su aventura al Polo, que había leído días atrás.




Me abrigué y me dispuse a descender de vuelta cuando empecé a oír por la radio a Jose diciéndome que saliese pronto de allí, que diera la vuelta inmediatamente, la situación se estaba volviendo muy peligrosa.

Cuando logré llegar al punto donde se encontraba él la niebla ya nos había alcanzado. La ventisca había borrado ya las huellas de los dos y debimos guiarnos por el GPS hasta haber descendido unos centenares de metros.



Continuamos bajando hasta el punto inicial sin decirnos mucho. Yo lamentaba no haber podido llegar al final, y él intentaba convencerme de que había hecho lo correcto, de lo contrario tal vez habríamos tenido que lamentar haber llegado; en la montaña hay tener siempre en cuenta que no solo es subir, el tiempo de descenso es básico y la climatología cambia con mucha rapidez.

No es habitual en mi abandonar, pero creo que todo ha de hacerse con cabeza y la sensatez debe reinar. El Mulhacén seguirá ahí y yo estoy dispuesta a volver a intentarlo.



Cuando decidí embarcarme en las aventuras extremas fue porque sabía que contaba con un compañero de equipo que respondería en todo momento. Hay aventuras en las que no se puede embarcar uno solo y contar con alguien de total confianza que sabes que siempre estará ahí es lo más importante.

Pensar en la causa que nos mueve este año me da más fuerzas si cabe. Tenemos la responsabilidad de trasmitir esta fortaleza y de proclamar a los cuatro vientos la necesidad de un final para los malos tratos a las mujeres.








30/9/16

VII KDD Ducati... valor solidario...



Lo que iba a ser una noche de desconexión de tanto trabajo en compañía de amigos, a los que no veía desde hacía mucho tiempo, termino siendo un fin de semana peculiar, distinto y gratamente novedoso dentro de mi mundo motero.

Salí de trabajar a las 8 de la mañana y me puse dirección a Ávila. Tras una parada en Palencia llegué justo a tiempo para comer.

Lo habitual hasta este momento era encontrarme con un montón de motos trail equipadas con enormes maletas y repletas de pegatinas al estilo de Walkiria. Sin embargo, en esta ocasión, descubriría el rojo de las motos, de la pasión, la velocidad y las sensaciones más fuertes. Monocromía solo rota por alguna Diavel o Monster tan negras como el azabache.




Me sorprendió gratamente que no se tratase solamente de pilotos enzarzados en polémicas rutas o lejanos viajes… me encontré con familias, si, familias completas, niños en sus sillas y abuelos con sus nietos; todos compartiendo su admiración y pasión por las dos ruedas de una marca italiana, #Ducati, que tiene a sus espaldas mucha historia y muy interesante.

En ese momento me vino a la cabeza la imagen de la pelerinage de Porcaró Madone des Motards, en Francia, donde montones de familias de hasta 4 generaciones se reúnen cada 15 de agosto para bendecir sus motocicletas ante la Virgen Motera.
Una primera toma de contacto más que agradable. Y que me hizo sentir ya como de la familia. De la familia DOC DCE.


Todo preparado para la charla.  

El tiempo se pasa volando cuando te sientes a gusto.

Emocionada, voy recordando cada detalle de mis viajes. Podría hablar horas y horas de divertidas anécdotas y curiosos avatares sucedidos a a lo largo de tantos km que van marcando mi vida, de añoranza por volver, y de ganas por continuar haciendo lo que hago.



Llegó el momento en que debería de intervenir Juan Carlos Toribio, presidente de #IMU, Organización Internacional para la Defensa de los Motociclistas, pero por circunstancias familiares de fuerza mayor no pudo asistir.

Echamos de menos su carisma, informando de la labor de IMU duramente este último año, la necesidad de concienciar a todos los moteros sobre nuestros derechos y necesidades en materia de seguridad, y también de la necesidad de unión y colaboración para obtener mejores resultados.


David, delegado IMU de Extremadura, y yo, lo intentamos breve mente con ejemplos tan claros como… -tenemos móviles de 900 €, pero racaneamos a la hora de comprar un buen casco o unas buenas protecciones-. -No colaboramos con la Organización por nuestra propia seguridad, cuando ésto sólo supone algo más de dos cafés al mes-. -Nos preocupamos mucho más de los extras, en muchas ocasiones baratijas, que le colocamos a la moto, pero no reclamamos el buen estado de las carreteras, la correcta señalización o el cumplimiento de la normativa de calidad de nuestros propios equipos...-


Mucho tiene que ver ésto con el objetivo de esta VII KDD, la recaudación de fondos para #Aspaym, Asociación Nacional deLesionados Medulares y Grandes Discapacitados Físicos. Como moteros, no debemos olvidar que a nosotros también nos puede suceder, no debemos pensar que somos inmunes.
Fue, y habrá mas, un momento en el que se pudo demostrar la solidaridad motera de la que tanto alardeamos. Pero esta solidaridad debe ser constante, continua y aliada con quienes ofrecen su tiempo, medios y esfuerzo en beneficio de todos, como hacen Aspaym e IMU.
Las prisas en el comedor para la cena precipitaron el final del coloquio, que estoy segura de que a muchos nos habría gustado continuar. Quedaba mucho finde aún por delante.  
A pesar del buen ambiente que se respiraba en el grupo, y recién llegados los más rezagados, todos se retiraron no demasiado tarde con la intención de estar frescos para la ruta del sábado.


Avila amaneció con un sol radiante, y más de 150 motos serpenteaban el Herradón, el Barraco, Navaluenga y Navalmoral de la Sierra antes de llegar hasta la amurallada Ávila.



El paso por el pantano de Burguillos me recordó que aquella carretera no era desconocida para mi.



Calles adoquinadas para cruzar, como antaño hicieron los caballeros, el arco de la puerta frente al Ayuntamiento. La llegada a la Plaza del Mercado Chico fue espectacular. Entre las miradas curiosas de abulenses y turistas, la plaza se cubrió de un rojo tan fuerte como le fondo del escudo le la ciudad sobre el que resalta la torre del castillo del Rey de los Leales y los Caballeros.


Retumbó en la plaza el peculiar sonido de ‘las panderetas’ como apodé, de forma cariñosa, a los embragues en seco que hasta este encuentro nunca había visto. Me sorprendió su funcionamiento y me resultó singular el distintivo sonido que emiten.


Despliegue de banderas y cascos para una foto más; y momento para refugiarse del calor, que a esa hora ya atizaba con fuerza, a la sombre alguna de las terrazas de la plaza.

Platos típicos, como las patatas revolconas y el chuletón, para la comida en el Centro de Exposiciones y Congresos Lienzo Norte.



Acudieron a la comida moteros de corazón, de los que permanentemente van sobre dos ruedas y que abren gas con la fuerza de sus brazos. Solo el hecho de su presencia allí deja claro su valor y su ausencia de rencor, hacia la que posiblemente les dio muchos buenos momentos y uno solo fatídico que les postró, para el resto de su vida, a una silla. Añoran salir a rodar, y su sonrisa, mientras nos cuentan sobre modificaciones a ciertas motocicletas para poder subirse, despierta en nosotros gran admiración.
 Y vuelvo a recordar todo lo que IMU está haciendo para evitar estos accidentes, y por ayudar a los que desgraciadamente ya han pasado por algún trace, y me siento orgullosa de formar parte de ella.
A media tarde llegó el momento más esperado de la KDD, EmilioZamora ya estaba preparado para dejarnos, una vez mas, con la boca abierta. En esta ocasión, con más ilusión si cabe por tratarse de recaudar fondos para Aspaym.
Disfrutamos como niños, y los niños como mayores; giros, invertidos, saltos… por una buena causa.





En cada lugar, en cada momento siempre hay imágenes que me quedan grabadas para el recuerdo, y que siempre me dibujarán una sonrisa… Emilio en su moto y David, de Vallecas, en su silla de ruedas en el centro de la pista… Esas imágenes son las que me remueven por dentro, me hacen replantear muchas cosas en la vida y hasta me hacen llorar de envidia porque yo no se si tengo el mismo coraje; y me gustaría tenerlo.



Más tranquila el alma, nos reunimos para cenar mientras hacíamos balance de una VII KDD que destaca por su valor solidario, por su perfecta organización y por un ¡¡¡buen rollo que flipas!!!.

Gracias a DOC DCE por esta oportunidad y gracias a los pilotos y familias de monturas rosso por su acogida.