DESPLEGABLES

6/6/16

menú SAHARA CROSSING TA...


Las largas etapas alejados de la civilización y la imposibilidad de cargar con más peso en las motos nos hizo pensar en una alimentación alternativa.





María Jesús Arguelles (675 318 103), nutricionista de Herbalife, gran amiga y aficionada a las motos.
Ella se comprometió en elaborar una dieta acorde con nuestras necesidades; No solo se trataba de reducir peso y volumen en el equipaje, habría que garantizar todas las vitaminas, minerales, proteínas e hidratos de carbono que necesitan nuestras células para tener un alimento equilibrado y por consiguiente mucha energía.




Jose, sin duda un gran experto en estas tierras, se encargaría de buscar el camino más favorable; Pero piedras, arena y calor se encargarían de poner a prueba nuestra resistencia día a día.




Cada mañana y cada noche preparábamos el batido F1,  éste era la base de nuestra alimentación. Nos lo tomábamos poco a poco y a veces teníamos que hacer un esfuerzo para terminarlo, estábamos saciados antes de terminar el baso.

Durante días nos acordábamos de las galletas, de los huevos con patatas, del pescado frito preparan por toda la costa de Marruecos... pero, sin embargo, estábamos satisfechos y no sentíamos hambre, solo ganas de esas cosas que más nos gustan.



A medio día pasábamos con una barrita energética, a veces dos, y mucha agua.

Pero lo que más nos sorprendió fueron los CR7, unos polvos que agregábamos al agua y que aportaban  mucha hidratación, ayuda al descanso y regeneración muscular después del gran esfuerzo físico. Aliviaron las agujetas y el dolor de piernas por remar  en la arena, y de los brazos por agarrarse tan fuerte al manillar.



Cuando llegaba el momento de los bajones y de decir -no puedo seguir estoy agotada, las pastillas efervescentes "Liptoff" con alto porcentaje de vitamina C aportaban energía instantánea y más capacidad de concentración.



Estamos seguros de que haber planificado la alimentación de esta manera ha sido clave para el éxito de esta travesía. Haber tratado de llevar otro tipo de comida habría supuesto mayor esfuerzo y tal vez el fracaso de la Sahara Crossing TA.














22/5/16

Me voy de aventura... pero estoy aquí...



Cuando pensamos en viajar, o no lo pensamos pero simplemente lo hacemos, nos sale del alma, o lo llevamos en el corazón, no somos ajenos a los temores que padecen los que nos rodean y que nos aprecian y quieren.


Nosotros disfrutamos del camino, de la ruta, de la gente, de cada uno de los momentos... Y ellos pueden llegar a disfrutar de esa misma atracción por lo nuevo y lo desconocido si somos capaces de trasmitirlo.


Aún son muchos los lugares donde las tecnologías, por suerte, no han llegado; Y generalmente son esos los sitios que nos atraen por la magia que los envuelve.


En la Sahara Crossing TA contamos con el SPOT Gen3, una bonita forma de decir -aquí estoy-, y de dar la oportunidad a todo el que quiera de seguirte en la ruta y de compartir tu aventura a un tiempo.



""...Dijeron que no debíamos continuar a esa hora en la que el sol calentaba tanto, pero convencidos de que continuaríamos a pesar de todo, nos mostraron cual era el paso al otro lado del río que nos resultaría más fácil.

Llenamos nuestros camel-bag y nos despedimos con una sonrisa, un apretón de manos y una palmada en el corazón, como es su costumbre.

Antes de seguir quisimos que desde casa nuestra familia y amigos supiesen donde estábamos, así que activé el SPOT marcando nuestra localización y enviando el mensaje de "Aquí estamos".

Nunca me había imaginado que algo tan simple fuese tan útil y a la vez bonito; fue el primer viaje en que todos podían seguir nuestros pasos enganchados a la curiosidad de saber cuánto avanzábamos y con la tranquilidad de que si lo necesitábamos, podríamos lanzar la señal de emergencia....""          (Párrafo de la primera parte de la crónica sobre La Sahara Crossing TA, por Judith Obaya)








20/5/16

érase una vez una Mash y una mujer en la SAHARA CROSSING TA...





Los 100 km desde Guelmin habían sido tranquilos, casi todo por carretera cruzando las montañas rocosas de Ouarkziz, frontera natural donde empieza el Sahara,  y adentrándonos ya en las pistas.


Nos levantamos temprano; Yo no había dormido mucho, el fuerte viento había soltado dos picas de la tienda y la lona hacía mucho ruido. Y al dar la vuelta dentro de la tienda tropiezas con un casco, tiras las botas, cae la linterna encima de la cabeza, suena el bote de los batidos que también se cae del montón de ropa... Y dicen que no hay nadie en el desierto, pero acaba de pasar un coche a escasos metros.


La tormenta pasó muy cerca, los rayos hacían que la inmensidad que nos rodeaba se iluminase por completo. Por suerte no cayó mucha agua, aunque habíamos sido cautos y nos habíamos instalado en una zona alta para no ser arrastrados en caso fuertes lluvias.


Preparamos los batidos para el desayuno tal y como Susi, de Herbalife, nos había dicho. Era el primero y quedaban algunos más antes de volver a comer algo sólido que no fueran barritas. Estaba muy bueno.

Recogimos la tienda, colocamos todo bien en las motos y revisamos que las maletas estuvieran bien cinchadas para que no sufrieran con las vibraciones y los saltos. Nos esperaban 400 km hasta el próximo pueblo. No sabíamos si yo podría hacer tantos km de off en un día.

Me temblaban las piernas, la cosa se ponía seria, había llegado hasta allí y ahora me surgían las dudas. No sentía miedo a la arena o las piedras, a caerme en las roderas o a pasar calor y sed... sentía miedo a no ser lo suficientemente fuerte para terminar.

Los primeros kilómetros fueron muy duros, donde había un banco de arena veía una duna, donde había una piedra veía una montaña. Rodaba muy despacio. No quería que la Mash, cedida por Mash Heros66,  sufriera ningún daño y me venían a la cabeza los recuerdos de mi accidente el pasado verano.



Nos paramos unos minutos a descansar, Jose me miró y me dijo: -Así no podremos hacerlo. Estás segura de que quieres seguir?;  Le miré fijamente y le contesté: -Nunca permitiré que nadie me diga lo que soy capaz de hacer; Me subí a la moto y todas mis dudas y miedos desaparecieron. La Mash devoraba los km como si las dos conociéramos aquellas tierras desde hacía mucho tiempo.

Cuando llegamos al río Afra ya era mediodía, hacía mucho calor y el cansancio ya comenzaba a notarse.


Antes de cruzar el río está el  pozo Hassi Afra con un bebedero para los camellos y un refugio para los pastores. Ya habíamos pasado por allí en enero cuando chequeabamos las pistas para Le Petit Dakar, y no había nadie en aquel momento, pero este día estaba muy concurrido.

En este mismo lugar, en 1973 se produjo el primer ataque del Polisario a las tropas españolas.

Nos recibieron con sorpresa, dos motos, solas, sin más vehículos, en aquel lugar... Y no tardaron en invitarnos a pasar al refugio.

El más anciano de todos vio que estaba muy fatigada y me ofreció un trozo de cebolla para que lo pusiera delante de la nariz y respirase con fuerza. Después otro trozo para que lo comiese. Me tiro un baso de agua por encima de la cabeza. Me dio un trozo de sandía...



Pronto me repuse.

No hablaban nada de francés o inglés, nos entendíamos por gestos. Uno de ellos llamó por teléfono a un hermano que hablaba francés y se lo pasó a Jose, era para darnos la bienvenida en su nombre y para ofrecernos su ayuda en todo lo que fuese necesario.

Nos invitaron a comer. Había arroz con zanahoria y cordero. En un plato nosotros y el más anciano. En otro plato todos los demás. Comimos como ellos sin tener la misma destreza para coger pequeñas porciones, darles unas vueltas en la mano para formar unas bolitas y comerla, íbamos poco a poco cogiendo con los dedos. El anciano me separaba la carne del hueso y me lo daba.
Nuestro plato, para tres, tenía mucho más que el otro, para cinco y me sentía mal por ello, pero se que ellos dan con el corazón y negarnos a comer sería hacerles un feo.

Después del té insistieron en dejarnos sus sandalias y llevarnos a ver los camellos de los que se sentían tan orgullosos como nosotros de estar allí con nuestras motos.




Dijeron que no debíamos continuar a esa hora en la que el sol calentaba tanto, pero convencidos de que continuaríamos a pesar de todo, nos mostraron cual era el paso al otro lado del río que nos resultaría más fácil.

Llenamos nuestros camel-bag y nos despedimos con una sonrisa, un apretón de manos y una palmada en el corazón, como es su costumbre.

Antes de seguir quisimos que desde casa nuestra familia y amigos supiesen donde estábamos, así que activé el SPOT marcando nuestra localización y enviando el mensaje de "Aquí estamos".
Nunca me había imaginado que algo tan simple fuese tan útil y a la vez bonito; fue el primer viaje en que todos podían seguir nuestros pasos enganchados a la curiosidad de saber cuanto avanzábamos y con la tranquilidad de que si lo necesitábamos, podríamos lanzar la señal de emergencia.

Remamos con las piernas para cruzar el río y el paisaje cambió nuevamente a piedra y más piedra. Yo ya me desenvolvía con facilidad y avanzábamos mucho más deprisa.



Pronto llegaríamos al peor momento, para mi, de la Sahara Crossing TA, el Ouez An Nakhla. Unos 400 metros de arena muy blanda en una hondonada donde alcanzamos los 40 grados. Remando con las piernas arrastramos todo el peso de moto y equipaje, fue agotador.

Cuando salí del cauce a penas respiraba. Me quité rápidamente la chaqueta, y me tire debajo de una acacia sin pensar en bichos o pinchos, estaba agotada. Me acordé del efecto inmediato de la cebolla y a falta de ésta nos tomamos una pastilla de glucosa de las que Susi (Maria Jesus Arguelles) también nos había recomendado y facilitado.





Estábamos en otro pozo de agua, el An Nakhla,  y pronto llegó un pastor en su Land Rover a por agua. Me olvidé del mal rato que acababa de pasar y le pregunté si podía ayudarle. 
No tardaron en llegar otros dos, uno de ellos montado en un burro. 
Comenzamos a gesticular y sin darnos cuenta me encontré subida en el burro y el pastor con mi casco puesto. 



Había que seguir, aún quedaba mucho para final de etapa y el sol no tardaría en caer.


Mas arena, más piedra y la Mash y yo mejorando km a km. Nos estábamos entendiendo muy bien y aunque el peso de todo lo que llevaba se notaba muco, se percibía su agilidad y ligereza. Jose lo tenía bastante peor con Walkiria, demasiado peso en las maletas y fuera de ellas. 


Una trialera y un lago seco para finalizar la jornada.

La trialera me trajo de cabeza, y nunca mejor dicho, fue ahí donde tuvo lugar una de mis caídas.Subir habría sido más fácil, pero bajar impresionaba un poco. Lástima que fue el primer día, hoy la pasaría sin ningún problema y disfrutando mucho más.



La legada al lago seco fue espectacular. El sol ya se estaba poniendo y la escena era de película.
En este lago seco no hay sumideros y hondonadas así que nos dejó desquitarnos un poco y lo cruzamos tan rápido como quisimos,




Fuera del lago decidimos no continuar de noche y acampamos al abrigo de unas rocas para protegernos del fuerte viento que azotaba, no quería volver a quedarme sin dormir.


Había sido una jornada completa, la convivencia con los pastores me había llenado, lástima que cada km al sur nos alejaba de estas gentes tan hospitalarias para recibirnos la soledad más absoluta.

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